NEOLIBERAL-CATOLICISMO Y MARXISMO VATICANO. Confusiones y confesiones

27.06.2014 02:30

La elección de Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco, viene siendo registrada como una apuesta obligada y necesaria dentro de la inminente recomposición del catolicismo para el nuevo milenio. Una de las exaltaciones más provocadoras de gran difusión mediática es la imagen y el imaginario que el nuevo pontífice vendría provocando entre diferentes audiencias respecto a las posturas políticas y económicas de la Santa Sede y que han sido popularizadas con un relativo gran éxito durante los últimos años. Una muestra de sus pronunciamientos, como el realizado a tan sólo tres días de su elección: “una iglesia pobre y para pobres”, o los más recientes, cuando el año pasado (2013) durante una congregación en Cerdeña (Italia) Francisco sentenció: “el capitalismo es el causante del sufrimiento en el mundo…”; y, en seguidilla, refiriéndose a la actualidad de la crisis capitalista, hoy vigente, dijo: “No es un problema que afecta sólo a Italia o a algunos países europeos… es la consecuencia de un sistema económico mundial que provoca esta tragedia” (bit.ly/1nLzqmW) han llegado a ser tenidos como pruebas casi irrefutables que el primer Papa latinoamericano en la Historia, no sólo es uno de los críticos actuales del sistema capitalista sino que también es uno de los principales referentes anti-neoliberales de nuestro tiempo (http://bit.ly/1ls9lN0).

 

En este debate, desde luego, han aparecido aduladores y defensores. Sin embargo, llama poderosamente la atención que las más resonantes diatribas en contra de las supuestas nuevas orientaciones político-económicas del Papado hayan provenido excepcionalmente de la izquierda. En su mayoría las críticas han arribado desde sectores conservadores tanto de la Iglesia como de los gobiernos y la sociedad civil globales, “paradójicamente” - algunos despistados podrían proponer - fieles entusiastas y absolutos devotos del Pontificado. ¿Cuál es significado de las posturas críticas del Vaticano? Bergoglio perteneciente a una de las Iglesias más conservadoras del catolicismo mundial (la argentina) habría devenido en un Papa anti-neoliberal? Incluso, más allá: ¿anti-capitalista?

 

Confusiones

 

Antes que comunicarse a través de tratados teóricos, abstractos, sofisticados y a diferencia de su inmediato antecesor: Benedicto XVI, Francisco parece haber preferido los púlpitos y, con ello, la utilización de un lenguaje que apunte al sentido común, como una manera de transmitir el mensaje de la Doctrina Social de la Iglesia. Basta revisar su única Carta Encíclica: Lumen Fidei (“La luz de la Fe”, 2013) para comprobar la desatención en torno a las discusiones estrictamente políticas y económicas más actuales y que, en todo caso, sí figuran como preocupaciones constantes para el Vaticano según se verifica en la mayoría de sus demostraciones públicas. En todo caso, la línea argumentativa de los discursos de Bergoglio resulta ser nada más ni nada menos que la continuación más consistente de la tradición instalada antes por Ratzinger y quien tuvo la función de restaurar para esta época de cambios, las orientaciones vaticanas de la encíclica: Populorum Progressio de Pablo VI, y en la cual se invocaba “un modelo de economía del mercado” aunque añadiendo la necesidad “de incluir, al menos tendencialmente, a todos los pueblos”. Benedicto XVI en la Carta Encíclica: Caritas in Veritate (“La Caridad en la Verdad”, 2009), donde las referencias acerca de este tópico son extensas, recoge esas tesis proyectándolas en lo que se podría interpretar una “crítica” al neoliberalismo convencional: “el mercado no es ni debe convertirse en el ámbito donde el más fuerte avasalle al más débil”. Precisamente, allí consignó:

 

(…) caridad en la verdad significa la necesidad de dar forma y organización a las iniciativas económicas que, sin renunciar al beneficio, quieren ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo. De su recíproca interacción en el mercado se puede esperar una especie de combinación entre los comportamientos de empresa y, con ella, una atención más sensible a una civilización de la economía. (punto 38)

 

Si hay confianza recíproca y generalizada, el mercado es la institución económica que permite el encuentro entre las personas, como agentes económicos que utilizan el contrato como norma de sus relaciones y que intercambian bienes y servicios de consumo para satisfacer sus necesidades y deseos… si el mercado se rige únicamente por el principio de la equivalencia del valor de los bienes que se intercambian, no llega a producir la cohesión social que necesita para su buen funcionamiento. Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica. Hoy, precisamente esta confianza ha fallado, y esta pérdida de confianza es algo realmente grave. (punto 35)

 

Si se observa cuidadosamente y en retrospectiva el discurso del Vaticano se entiende que más allá de ser un giro subversivo frente al sistema de dominación, explotación y opresión imperante se trata de una resultante táctica y estratégica dentro del movimiento ideológico hegemónico actual provocado por la crisis. Esas arengas llegan para reforzar, desde el lugar de enunciación privilegiado que personifican, en tanto poder espiritual y dirección moral (no sólo religiosa sino política pues además de Vicario de Cristo, el Papa es el representante de un Estado: el Vaticano), lo que varios discursos y prácticas desde el poder temporal, el campo político, han sugerido para esta coyuntura: la renovación del capitalismo en su versión actual, es decir, la neoliberal. La novedad aquí consiste en que la reconstrucción del capitalismo, hoy convaleciente, debe realizarse a partir de la redención de un neoliberalismo de nuevo cuño que permita dilucidar salidas a la crisis del sistema sin poner en peligro su identidad: capitalista y neoliberal.

 

Desde el colapso financiero de 2007-2008 y la profundización de la crisis, las élites globales han insistido en un discurso que sólo en apariencia resulta ser crítico del neoliberalismo. Para el año 2009, casi sin excepciones, ningún representante de los Estados o Gobiernos en el planeta había evitado hacer algún tipo de declaración en contra del libre mercado, aun cuando ellos mismos fungieron como asiduos defensores y fieles gestores de esa dogmática, claro está, en el momento en que les rendían frutos. Inclusive, el Fondo Monetario Internacional a través de un alto funcionario, Horst Kohler, – y antes que Ratzinger - denunció que los mercados financieros globales se habían convertido en “monstruos” por lo cual era preciso “civilizarlos” a través de la acción gubernamental. Al unísono el llamado fue criticar la excesiva confianza que en el pasado se había depositado en el Mercado como dispositivo del orden y la organización sociales (bit.ly/1ljpAXV). Desde esos días se instaló igualmente la imperiosa necesidad “ético-política” de la regulación estatal no sin antes aclarar que ello no implicaría un regreso a la intervención estatal de tipo keynesiano (una variedad dentro del capitalismo) ni mucho menos a la planificación estatal centralizada (como en varios Socialismos ya que es una alternativa por fuera del capitalismo). A diferencia del pasado, cuando se defendía con dogmatismo y ortodoxia la tesis que el mercado lo resolvía todo sin ninguna clase de interferencias, ahora el Estado (y sus aparatos) tenía que “actuar”. La presencia estatal convocada, no obstante, tendría que ser quirúrgica, momentánea y selectiva, nunca permanente; y, además, sólo y exclusivamente en caso que los mercados fueran inoperantes, o lo que es lo mismo: cuando los mercados “fallaran”.

 

Esta versión de (neo)liberalismo “regulado” solo se diferencia en algunos aspectos no cruciales del (para hoy) “viejo” y “ortodoxo” - también inviable - neoliberalismo desregulador practicado durante 1980s-1990s. En lo esencial, la emergencia de este nuevo neoliberalismo, aún bajo una variedad heterodoxa, tiene como objetivo regenerar y darle solución de continuidad al proyecto político del neoliberalismo in extenso, fase ulterior del capitalismo tardío y el cual, insistimos, hoy atraviesa por una crisis sin precedentes que cuestiona y arriesga su misma existencia al futuro.

 

Contrariamente a lo que se ha venido vociferando, la fórmula del Vaticano: la Economía Social de Mercado (“mercado libre regulado por el Estado”), también conocida como Ordoliberalismo o, subráyese bien: Neoliberalismo Alemán (http://bit.ly/1lUWB0G), se sintoniza perfectamente con estas tendencias ideológico-políticas. Más allá: pretende blindarlas. Su virtud está en haber convocado, de manera directa y sin cortapisas, que la alternativa a la crisis (en todo caso, alejada de la ortodoxia del fundamentalismo de mercado) no debe extraviarse en ambigüedades sino definir un sendero abiertamente capitalista y plenamente neoliberal. No resulta una casualidad que Ratzinger sea alemán ni tampoco que, una vez publicada Caritas in Veritate, la canciller ¡alemana! Angela Merkel haya sugerido que esta encíclica “obligaba pensar en la necesidad de crear una economía social de mercado global” (http://bit.ly/UO7YxO).

 

Confesiones

 

La conclusión en torno al neoliberalismo inherente a la ideología vaticana, de paso, incompatible con cualquier horizonte que se diga cristiano, aún bajo la adaptación “menos” salvaje que ha querido justificarse, resulta de las confesiones de sus propias fuentes eclesiásticas. Se accede a ella sin mediaciones y con absoluta verosimilitud a partir del reciente ascenso de lo que aquí denominamos el marxismo vaticano. Este marxismo tiene muy poco (en el fondo nada) que ver con Karl Marx. Se relaciona mejor con las afanosas aclaraciones en torno a los comentarios provocadores del actual Pontífice, por parte de Reinhard Marx, cardenal alemán y antiguo Arzobispo de Münich y Freising, hoy miembro del Consejo Asesor de Cardenales, nombrado por el propio Papa Francisco “para asistirlo en la gobernanza (sic) de la Iglesia”. Reinhard se ha dedicado casi en exclusiva a “corregir” públicamente cualquier posible mal-interpretación o desviación sobre Francisco, como guardián del verdadero sentido de su discurso. Por ejemplo: “el llamado a pensar más allá del capitalismo - dice Reinhard - no es una lucha en contra de la economía de mercado” puesto que el Vaticano hace una distinción entre la economía de mercado y el capitalismo financiero; éste último – el objetivo de las “críticas” del Papa Francisco – es lo que “ha llevado hacia una crisis catastrófica” (http://bit.ly/1ltRzZG):

 

El capitalismo [Nota: “financiero” pues se refiere siempre a la errónea y extraña distinción hecha] no debería convertirse en el modelo de la sociedad ya que… no toma en cuenta los destinos individuales de los débiles y los pobres. Esto es lo que critica el Papa… Eso no tiene nada que ver con rechazar la economía de mercado, la cual es necesaria y sensible pero debe servir al hombre. Esto es lo que los textos de enseñanza social de la Iglesia se refieren; esto es la base espiritual de la economía social de mercado, caracterizada desde el ordo-liberalismo, el cual, a su vez estuvo inspirado en impulsos cristianos… Necesitamos programas que pongan al mercado, las compañías y el Estado, unos con otros, dentro de en una nueva relación, y todo esto a nivel global. Esto es lo que, por ejemplo, Benedicto XVI demandaba… (http://bit.ly/1ljYEHx).

 

Reinhard, aprovechando su apellido y nacionalidad, publicó un libro titulado: El Capital. Un alegato a favor de la Humanidad (2011), en clara alusión al texto original de Karl Marx. Tanto es así que la portada de la obra de Reinhard fue diseñada ¡a imagen y semejanza de la edición decimonónica de Marx! Este alegato intenta combinar una reflexión alimentada desde la Economía Social de Mercado y la Doctrina Social de la Iglesia que invoca la “intervención” del Estado para “la redistribución de la renta, el crecimiento económico sostenido, la lucha contra el desempleo y la protección del medio ambiente” (p. 269), previniendo que si los actuales desafíos [crisis capitalista] no son superados: “el fantasma de Karl Marx saldrá de la tumba para perseguirnos” (p. 299).

 

A buen hermeneuta…